
—El amor en los tiempos del cólera, cap. ii— Gabo
Todo mi anhelo era ir a ti pegado
como un lunar por detrás de la oreja,
o en la insularidad de tu mirada,
hecha para anular esta obra negra
de hojas caídas a destiempo, parte
de esas cosas que brillan por su ausencia:
sol cuyo ojo invernal nos hace un guiño
y es doblemente hermoso en la certeza
de que ya nunca se verá así porque
(¿por qué no hay un telégrafo o antena
que capte lo que el corazón ha dicho)
al despedirse, los amantes cuenta
se dan que no era cristal sino espejo
lo que de uno la faz de otro refleja…